miércoles, 3 de junio de 2026

El final de curso

 Estas semanas son muy ajetreadas para el profesorado. No solo para los equipos directivos, inmersos en la organización del próximo curso, sino también para quienes cumplimos con las 25 horas lectivas. El agotamiento de dar clase hasta el último día —con un alumnado exhausto y sufriendo el calor, igual que nosotros—, sumado a las horas interminables de corrección y cierre de notas, a veces hace que solo queramos terminar, perdiendo el disfrute de aspectos fundamentales del final de curso.

Porque, si lo pensamos bien, el momento de recoger los registros de un alumno, ver su progreso y decidir manualmente su calificación definitiva es un instante hermoso. Al pensar en cada uno, piensas en lo que ha conseguido y cómo hacer ese redondeo. En ese momento no importa si tienes 150 o 300 estudiantes; todos han sido confiados a tus manos como educador y merecen ese tiempo de valoración.

No me he parado a pensar si la plataforma hace el redondeo automático; no me interesa. Me gusta pensar en cada uno de mis alumnos y dedicarles ese espacio. Me entristece que las correcciones y la burocracia nos hagan perder la ilusión en una parte tan crucial del proceso educativo. Por eso, tras 25 años en esta profesión, me siento profundamente agradecida de seguir disfrutando y dedicando este tiempo a cada uno de ellos, se lo merecen.

domingo, 15 de febrero de 2026

El éxito de nuestro alumnado es el éxito de nuestro equipo

 Voy a escribir la primera entrada del año en mi blog.

Me ha inspirado el ver lo bien que ha trabajado nuestro alumnado el bloque de las fracciones. No ha habido fórmulas mágicas, el secreto ha sido mucha constancia y una buena personalización del aprendizaje.

Las fracciones a priori pueden parecer difíciles. Las primeras clases, mi equipo y yo (y digo equipo porque este año he tenido la suerte de tener mucha gente de prácticas conmigo) intentamos que las visualizaran de manera manipulativa. Mediante una web llamada Mathigon, fueron manipulando regletas para entender lo que significa realmente la suma y resta de fracciones. Les enseñamos a calcular el MCM de cabeza, sin tener que recurrir a métodos memorísticos, entendiendo bien el concepto, que por otro lado lo dice el nombre (busca el menor de los múltiplos comunes).

En este punto decir que huimos de la propuesta que se hace en los libros de multiplicar  factores y elevarlos a... (nunca he conseguido aprendérmelo porque no lo he necesitado, y por supuesto, no se lo he hecho memorizar a ellos).

Practicamos la evaluación formativa. Mediante un formulario de Google con una historia narrativa como hilo conductor, iban haciendo sumas y restas de fracciones, y el formulario les iba avisando si lo hacían bien o mal, permitiendo aprender de los errores. También te iba dando pistas para descubrir un mensaje secreto que había que averiguar al final de la dinámica. Agradezco también a mi compañero Carlos su inestimable ayuda en la creación de la narrativa.

Tras esta dinámica, cada alumno había llegado a su máximo dando lo mejor de sí, había perdido el miedo a  equivocarse y daba pasos cada vez con más seguridad. Y sin darse cuenta, practicaron muchísimo la suma y resta de fracciones.

Esta dinámica era evaluable, pero no se penalizaban los errores, se valoraba lo que iban consiguiendo al final, tras aprender de sus errores, de igual modo que cuando voy a un sitio, no me penalizan si doy dos vueltas a una rotonda. Lo importante es acabar llegando.

Dominadas ya las sumas y restas, introdujimos las multiplicaciones y divisiones. Tras una clase más teórica, tuvimos una sesión de aprendizaje mediante el juego: tableros, dados y fichas hacían ruido en las aulas, pero los alumnos estaban disfrutando a la vez que aprendiendo. En una hoja escribían sus jugadas para tener evidencias de su aprendizaje. En pareja iban validando los resultados del juego, acompañados siempre por todo el equipo de profesores.

Y luego ya llegamos a la resolución de problemas y a las operaciones combinadas.

Tras varias clases de explicación en pizarra y de práctica, muy pautadas, ajustamos el nivel. Iban subiendo de nivel según alcanzaban metas, pero cada alumno iba superándose en su recorrido personal. En la última sesión nos ayudamos de Geogebra, que les daba una nota (que no registrábamos los profes, porque no hacía falta, era un ensayo) y les permitía repetir para mejorar, y subir de nivel si superaban el anterior.

Por fin llego el examen, y las notas han sido, en general, buenísimas, pero lo que más me alegra es ver cómo se han esforzado y lo que han aprendido. Su motivación no ha sido externa, sino intrínseca,  porque conforme alcanzaban logros iban superándose. 

El no penalizar el error durante el proceso y permitirles repetir, creo que les ha construido un andamiaje sólido.

Hemos terminado el bloque muy contentos, el alumnado y nosotras, y creo que ha sido un éxito compartido.

Gracias a Raquel Duato y a Raquel Abril, mis compis de prácticas, por darlo todo cada día con el alumnado y ayudándome a mí para hacerlo posible.